miércoles, 28 de marzo de 2012

CONSULTORIO DE FAMILIA


Escrito por: SORAYA LARA DE MÁRMOL, M. A.

Sicóloga, Terapeuta familiar

Pregunta del lector:

Compartí una relación de 3 años. 

Decidí  terminar por infidelidad de la madre de mi hijo de 5 años (nunca fui infiel).

Tuve una depresión de año y medio, después de mi decisión. En ese periodo sostuvimos encuentros sexuales desordenados.

 Quiere regresar pero ya no quiero hacerlo.

Respuesta de la terapeuta: Solemos ver en parejas   depresiones a consecuencia de las infidelidades. 

Tanto en hombres como en mujeres.

 Duele el quebrantamiento de la lealtad y fidelidad.

Toda pareja espera incondicionalmente que esos principios se cumplan, independientemente de lo funcional o no de la relación.

La infidelidad podría desestructurar el yo de personas de manera temporal o definitiva, cuando se “necesita” del yo de la otra para vivir.

 La pareja se vuelve una necesidad psicológica: “sin ti no puedo vivir”.

 Esta entidad psicológica fusionada hace que las personas   sucumban ante la infidelidad y la separación, sufriendo angustias por separación. 

Trae en sí misma depresiones severas.

Debido a esta realidad emocional, las parejas se separan y vuelven, aparece la danza de acercamiento y distancia.

 Acercarse trae calma porque estuvo durante años conviviendo con esa persona a quien se quiere.

Una vez aparecen los pensamientos de dolor por la “traición” vivida -como suelen expresar las personas-  vuelve la separación y ruptura.

Se da una ambivalencia o lucha afectiva “si perdonar y quedarme” o “dejarla de manera definitiva.

Encontramos personas decir que  no pueden superar en términos de sufrimiento psíquico la infidelidad.

Queda como una cicatriz emocional.

En los hombres suele ser más complejo psicológicamente por los condicionantes culturales, suelen cuestionar su masculinidad.

Mientras se va pasando por cada una de estas  situaciones, las parejas vuelven y se dejan hasta llegar a una decisión definitiva.

La  persona que ha sido víctima de la infidelidad es quien decide si se queda o no.

Usted tendrá que valorar si se queda o no, tomando en cuenta si podrá vencer, a pesar de superar el dolor, los pensamientos invasivos e intrusos que aparecerán por un tiempo y la vergüenza social que se sufre ante esta experiencia.

Y el temor a que vuelva a ocurrir.

Si usted no se siente seguro en retomar la relación en este momento, mejor espere.

Vuelva si se siente seguro de su decisión, más que de los anhelos de ella.

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